Quienes somos

 

FAMILIA VERGARA

“Sólo los grandes cuchilleros (Vergara, Becerra) mantienen el tipo, repiten en sus talleres el requisito de la fragua, el amolado, el pulido, le sacan filo a un oficio nuestro entre astas, virolas y muelles (navajitas, navajitas de Albacete)”
Réquiem por la calle Cornejo
José Sánchez de la Rosa

Juan Ángel Vergara López nació en septiembre de 1924, y se inició como aprendiz en el modesto taller del Torero, en el número 10 de la calle de Santa Quiteria. Poco después de finalizada la Guerra Civil y con apenas 20 años, se instaló por su cuenta muy cerca de aquel lugar, en el número 14 de la misma calle, en donde, además, tenía su vivienda. En ese taller, situado en la gorrinera de la casa, como tantos y tantos de la misma zona, en la mitad de la década trabajaron hasta media docena de obreros. En 1947 se realizó el registro de la actividad cuchillera en la Delegación de Industria con un capital de 3.000 pesetas y con los siguientes elementos: una máquina de taladrar, un banco con tres tornillos un yunque y una fragua. Ese año coincidió con el nacimiento de Juan, su hijo mayor.(1)

En 1960 compró la nave de una antigua fundición de 200 metros cuadrados en el número 21 de la calle de Cornejo, y la reconvirtió en un nuevo taller ampliando la maquinaria con una cizalla, una prensa, una nueva taladradora a motor, otro yunque y cuatro pulidoras a motor. Ese escenario forjó casi toda la historia cuchillera de los Vergara. A la ampliación de maquinaria se añadió la incorporación de otros obreros, para situarse, a mediados de los años sesenta, como el taller más importante del entorno. Curiosamente, entre sus más destacados operarios se encontraba su antiguo maestro el Torero, a quien Juan Ángel recuperó como gesto de gratitud hacia quien tanto le enseñó. Daniel (el Patas) o Benito fueron otros magníficos artesanos del taller en esa época.

Todo el proceso de fabricación se realizaba entre las paredes de la antigua fundición. La producción destacaba por sus excelentes acabados. En el taller se elaboraban navajas con palanquilla tipo estiletes, capadoras y, sobre todo, la navaja clásica de Albacete y el cuchillo de monte. Vergara era, sin duda, uno de los pocos pequeños talleres, quizá el único, que hacía por completo toda su fornitura. En una parte de la nave se colocaban las máquinas del maestro tornero, Juan Manuel, que junto con las del matricero, Rafael Moreno Coca, formaban el núcleo de lo que podría considerarse el taller de mecánica. Este último tenía un hermano, Antonio Moreno Coca, que también trabajó durante un tiempo con la familia de los Vergara, antes había estado en los talleres de Zafrilla y Expósito y, más tarde, abrió el suyo propio con dos socios, Eloy y Cayete, en la calle del Sol. Unos y otros se reunían en el bar El Cagueta en los lunes del cuchillero.

Siguiendo la tónica general, esa década de los sesenta fue el momento de expansión de la industria. En estos años se incorporaron al taller los seis hijos de Juan Ángel, que llegaron de la mano de otras máquinas de ajuste y troquelaje. Una bruja y una máquina de brillo azul completaron ese panorama. En el momento álgido de la empresa llegaron a coincidir hasta una docena de trabajadores.

La comercialización era un tanto singular. Solían visitar las ferias de Alicante, Valencia y pueblos de la provincia, además de contar con un puesto permanente en los círculos del Recinto Ferial de Albacete. También servían a almacenistas en aquellas plazas y a otros de Albacete, como Peralta. Sin embargo, lo que más caracterizó a la firma Vergara fue su presencia en los expositores de bares y restaurantes de carretera que, durante muchos años, habían ido colocando en lugares estratégicos los cuatro viajantes de la casa, entre los que se encontraban los hijos mayores. En efecto, los expositores fueron la seña de identidad de la firma hasta tal punto que buena parte de sus mensajes publicitarios incorporaban esta circunstancia: “Especialidad de montajes expositores a clientes”. Esos expositores eran repuestos periódicamente por aquellos mismos viajantes.

Pero la dimensión comercial de los Vergara no se agotó en los expositores. Como hemos indicado, las ferias constituían, en buena medida, un excelente mecanismo para no ver acumulado en las estanterías el fruto de su producción, siendo por otra parte muchos feriantes unos buenos clientes de la casa. Por lo demás, en la década de los setenta ya trabajaban en el negocio siete miembros de la unidad familiar, configurándose como el periodo de mayor estabilidad en la historia de la firma y aventurando unas buenas perspectivas de futuro a pesar de la crisis vivida en el sector años atrás.

Sin embargo, el Reglamento de Armas de 1981 incidió negativamente en el auge de la industria. Ya desde finales de los años setenta, la Guardia Civil venía obstaculizando la consolidación del sistema de expositores en lugares públicos, con argumentos tan peregrinos como las posibles peleas que pudieran producirse en sus inmediaciones, mientras que al socaire del aludido reglamento intervino directamente retirando muchas piezas de esos mismos expositores. La limitación en los tamaños de la hoja, ya establecida en los años veinte, volvió a ser por un tiempo vigilada celosamente por los agentes del orden, en especial en aquellos sitios en que pudieran exhibirse de forma ostensible. Consecuencia directa de este control fue la modificación de la producción que la familia Vergara debió acometer, ya apuntada años atrás, y consistente en la sustitución de buena parte de sus muestrarios por unas piezas de menores dimensiones. El antedicho reglamento dejó, asimismo, inéditos cuatro modelos ya patentados de navajas automáticas que no llegaron a ver la luz.

Con motivo de un lento proceso de debilitamiento de la salud del cabeza de familia, entre 1985 y 1990 los hijos se hicieron cargo progresivamente del negocio, hasta que en esta fecha se produjo el cambio del nombre comercial por el de Hermanos Vergara. Finalmente, en 1998 falleció Juan Ángel Vergara y, simultáneamente, se cerró el taller del número 23 de la calle de Cornejo que había estado en funcionamiento durante casi medio siglo. Sin duda, el lugar puede añadirse a esos otros recuerdos presentes en aquel réquiem del principio que constituye el epílogo de la Balada de la calle Cornejo de nuestro magistral cronista José Sánchez de la Rosa. Sin embargo, no terminó la relación de la familia con el mundo de la cuchillería, pues además de regentar un comercio en el centro de la ciudad, Juan Vergara continuó trabajando en el sector. El testigo de esta tradición cuchillera y artesana lo encarna hoy día Juan Luis Vergara, uno de los nietos de Juan Ángel, que también se ha iniciado en el apasionante camino de la artesanía alcanzando su primer galardón en 2006. Ambos son, Juan y Juan Luis – padre e hijo- unos buenos artesanos, que han tenido como maestros y referentes a los Expósito y han obtenido importantes premios en los concursos de cuchillería. 

(1)Registro de Industria. Número de censo 2.209. Año 1947. Archivo de la Delegación de Industria de Albacete.

 

MARTÍNEZ-GÓMEZ SIMÓN, L.M. y PASCUAL LÓPEZ, Mariana De (2007): La cuchillería de Albacete en el siglo XX, Albacete, Altabán Ediciones, págs. 305-308.